A ti, mi compañero/a auxiliar de enfermería:

No me muerdas. No he venido a pasarte por encima.

No me muerdas. Nunca consideraré tu trabajo menos importante que el mio.

No me muerdas. Creo que nuestro objetivo común es el paciente más allá de nuestro ego.

No me muerdas. Iremos mejor si vamos de la mano.

No me muerdas. Creo que puedo aprender de ti y tu de mi.

No me muerdas. Te pido respeto por lo que hago aunque en ocasiones pienses que ‘esos ejercicios’ ya se los puedes hacer tu.

No me muerdas. No es tu a tu espacio y yo al mio. Es nuestro espacio y como lo gestionamos entre amb@s

Por favor no me muerdas. Te entiendo.

De vuelta a la rutina me vuelvo a encontrar con esas situaciones que hasta he llegado a echar de menos.

En ocasiones al llegar al domicilio el primer día de tratamiento de un paciente con grado de dependencia, la auxiliar que ya conoce muy bien a este, marca muy gráficamente su territorio sacando los dientes. Este colectivo se suele sentir infravalorado en muchas ocasiones por el resto de sanitarios (económicamente también). Y todos sabemos que son indispensable y se merecen todo nuestro respeto ( yo personalmente creo que no tendría capacidad de realizar su trabajo).  Pero, a veces, se cogen al : una defensa es el mejor ataque.

Después de contar hasta diez despues de la mordida de ayer, me he decidido a escribirles en el blog.

¡Gracias por leerme!

Irene

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